El Pacto Trumpiano
La Situación Imposible de Venezuela
Note: An English version of this essay is available here.
Milan Kundera escribió que el hombre desea un mundo “donde el bien y el mal se pueden distinguir claramente, ya que tenemos un impulso innato e irreversible de juzgar antes de entender.”
La situación en Venezuela es imposible. Entre la espada y la pared. Entre el Trumperialismo y la Tiranía Cachapa. El bien y el mal no existen como polos opuestos. Aquí no hay héroes, ni menos libertadores. El “salvador” no es Simón Bolívar, sino alguien con las características de Jabba the Hutt.
El terremoto que desató Trump con la captura de Nicolás Maduro va a agitar a Latinoamérica desde Tijuana hasta la Patagonia. Una región que todavía muestra las cicatrices del colonialismo y siente el ardor de estas con otra intervención de un imperio.
Pienso mucho en la leyenda del “pacto fáustico” que se trata de un hombre que le vende el alma al diablo a cambio de tener todo el conocimiento del mundo. La frase surge cuando pienso en la coyuntura de Venezuela. Y por más que me duela, me temo que a Venezuela no le quedaba otra alternativa que aceptar un Pacto Trumpiano.
En la coyuntura de Venezuela existen dualidades contradictorias que son ciertas a la vez. La tensión que genera afrontar la complejidad de estos elementos se siente como si las tenazas de un cangrejo apretandomé la sien. Lo que ofrezco es una mirada más allá de la narrativa “EEUU malo” o “Maduro bueno,” que son tan simples que suenan bien para Instagram, pero no agregan ninguna comprensión crítica de la situación.
La Situación
El objetivo de Estados Unidos es el petróleo. No nos hagamos los pendejos. Lo que busca la administración de Trump es promover a un gobernante que esté dispuesto a restablecer relaciones con Estados Unidos y que esté dispuesto a darle acceso prioritario a Estados Unidos a las reservas de petróleo más grandes del mundo.1 Barriles por libertad.
Para lograr esta operación, la administración de Trump se ha saltado todos los procesos establecidos en la política americana para tomar este tipo de operación. Lo que resulta con esta operación es que hoy en día, Estados Unidos y sus instituciones son más débiles, y el poder autocrático de Trump se sigue consolidando. Además, la operación es parte de la cortina de humo que Trump quiere formar para distraer al pueblo americano sobre las falencias de su gobierno. Claramente no soy fan de Trump ni de sus mentiras, ni de su narcisismo, ni de su descaro, ni de su falta de respeto por las instituciones. Es un agente del caos con el fin primario de enriquecerse a él y a los que considera leales a él.
Dicho esto, llegamos a esta situación en gran parte porque la dictadura de Nicolás Maduro se robó las elecciones a pesar de que el candidato de la oposición Edmundo González (y la inhabilitada María Corina Machado atrás) las ganó. La oposición venezolana, sagaz en anticipar las artimañas del régimen, logró sacarle copias a las actas de votación para corroborar su clara victoria. Tan contundentes fueron las pruebas y la falta de transparencia del CNE (la entidad que regula las elecciones y está bajo el control del régimen) que tanto el Carter Center, que fue designado como observador internacional bajo el Acuerdo de Barbados del 2023 que el gobierno de Maduro firmó, y la ONU determinaron que las elecciones no pueden ser consideradas como democráticas, con el Carter Center declarando que la elección fue una “grave violación de los principios electorales.”2
Mucho se ha hablado de la violación del derecho internacional y de la soberanía de un pueblo con esta acción militar de Estados Unidos. Es más, yo estoy de acuerdo en que sí se violó el derecho internacional. Pero la soberanía de un país se pierde cuando la voluntad del pueblo se ignora. ¿Qué legitimidad tiene un gobierno que no fue elegido? ¿Qué soberanía existe si se usurpa el poder a través de mentiras y represión? Si exigimos que se respete la soberanía del pueblo venezolano, ¿dónde estaba esa exigencia en el 2024?
Para Maduro, el apoyo de la administración de Biden al Acuerdo de Barbados que la dictadura firmo con la oposición le daba una rampa de salida viable. Para incentivar su firma, la administración de Biden le devolvió al colombiano Alex Saab, hoy ministro de industria del régimen y una figura oscura asociada con la corrupción y el lavado de dinero del régimen, Maduro se comprometía a elecciones libres con veedores internacionales. Maduro incumplió su palabra, inhabilitó a Machado con mañas, y destruyó cualquier legitimidad del proceso democrático en el 2024.
Naturalmente, la respuesta de gran parte de la izquierda ha sido un repudio visceral a esta intervención. Y lo entiendo.
#HandsOffVenezuela
Entiendo las ganas de decir #HandsoffVenezuela, de protestar el imperialismo, y exigir que la soberanía de nuestros pueblos se respete. Yo comparto esa posición y veo la intervención de Estados Unidos con consternación.
Pero la pregunta que me he hecho durante las últimas semanas anticipando este acontecimiento es la siguiente: cuando hablamos de #HandsoffVenezuela, ¿de qué manos estamos hablando—las de un régimen cuyas manos se han manchado de tanta sangre que ahora son coloradas? ¿O del gobierno gringo, desesperado por untarse sus manos en oro negro?
¿Cómo se puede argumentar por la soberanía de un pueblo sometido por décadas bajo un gobierno que destruyó la economía, las instituciones, el proceso electoral, y que a raíz de eso ha causado la diáspora de más de 8 millones de venezolanos, o 25% del país? ¿Se puede decir que las cosas van bien cuando 25% del país huye? ¿Es coherente y serio decir que la diáspora se debe a las sanciones de EEUU (una línea argumentativa muy rebuscada y que curiosamente ignora la realidad económica y social de Venezuela antes de las sanciones en 2014)?
¿Qué alternativas quedaban?
La vía democrática se extinguió. Maduro cerró esa puerta al emborracharse del poder y de su propio narcisismo.
La otra opción viable podría haber sido la presión de la comunidad internacional, en particular en Latinoamérica. Pero los gobiernos que hoy reniegan y gritan sobre la intervención de Estados Unidos en la región abdicaron su responsabilidad con declaraciones tibias y ningún tipo de exigencia clara de que se respete la voluntad del pueblo.
Lula de Brasil pidió las actas, la dictadura nunca las presentó y Brasil opto por no escalar la repercusiones al regimen fuera de echarlo de la alianza BRICS (que en realidad no le hace daño a la dictadura). Sheinbaum en México se limita a no dar comentarios, y decidirse por una neutralidad frente a las violaciones de derechos humanos y la burla a la democracia del régimen. Y Petro en Colombia, que hasta recientemente se atrevió a decir que Maduro era un dictador, mantiene una estrecha relación, bien documentada, con el chavismo, a pesar de que la dictadura es una de las amenazas de seguridad más grandes de Colombia, ya que en su frontera le da resguardo al ELN, la guerrilla que en el gobierno de Petro ha crecido su presencia territorial un 22%.3 Los homólogos de Maduro decidieron lavarse las manos y mirar al otro lado, cuando era su responsabilidad mantener la soberanía de la región.
La única opción que quedaba era un conflicto civil, que el mismo pueblo venezolano tome las armas para sacar a Maduro del poder. Pero para mí es imposible, como colombiano, proponer una guerra civil como medicina. Un conflicto armado en Venezuela sería una quimioterapia que sumergiría al país en décadas de miseria. No es una opción viable.
El régimen chavista lleva más de 25 años aterrorizando Venezuela.4 Se destruyeron las instituciones, la capacidad productiva del país, la libertad de prensa, la libertad de expresión, el sistema judicial, la separación de poderes, la integridad del proceso democrático, el respeto a la propiedad privada, la dignidad del pobre, la fe de toda esa gente que votó por Chávez porque Venezuela sí necesitaba un gobierno que respetara y cuidara a las personas más reprimidas y humildes… pero no al costo de destrozar el país entero.
Y vemos el mismo patrón comenzando en Estados Unidos. Para mí los paralelos sobre lo que hemos visto con Venezuela y lo que veo con horror en la administración de Trump son claros: En su segundo mandato, Trump ha debilitado las instituciones, consolidado el poder ejecutivo, afectado la capacidad productiva del país a través de aranceles sin sentido, y establecido la corrupción y el enriquecimiento de su cúpula más cercana como si fuera una ocurrencia única y que no se debe cuestionar.
Las Secuelas
Ahora no soy tan ingenuo en pensar que ahora que Maduro se fue, los arcoíris van a volver, los papagayos volarán en júbilo y los loros cantarán “libertad!” Hemos llegado al punto más frágil de Venezuela desde el 11 de abril del 2002.
La intervención americana martiriza al chavismo, le da alas a la narrativa de que los gringos son intervencionistas y los pueden caracterizar como los malos de la película Avatar. Esto puede desatar un conflicto interno, esa guerra, esa quimioterapia a la que le tengo tanto pavor.
Le puede dar alas a Trump de seguir en su descarado plan de intervención como cortina de humo, y llegar a hacer lo mismo en Colombia, donde tiene a un presidente con un perfil muy similar a Maduro (y también una personalidad muy similar al mismo Trump). Colombia no es Venezuela, pero desafortunadamente el gobierno de Petro, objetivamente, sí nos acercó más al chavismo que ahorcó a Venezuela.
O peor aún, temo que individuos en el régimen de Maduro estén dispuestos a negociar con Trump para que los deje mantenerse en el poder mientras le dan acceso a los Estados Unidos a las reservas del petróleo. Este sería el peor de los casos, pero viable ya que a Trump no le importa mucho la democracia.
Mi miedo principal es que a largo plazo se consolide una nueva oligarquía con más afinidad a Estados Unidos que esencialmente le robe los recursos a Venezuela y los mantenga en una recuperación frágil que haga a la gente pensar que, sí volvieron la democracia y las instituciones, pero para qué si la élite se sigue robando todo.
Este patrón no es hipotético. Es el patrón que Colombia conoce bien: cambiamos gobiernos, firmamos acuerdos, prometemos reformas, y la concentración de riqueza apenas se mueve. Es cambiar un grupo de ladrones por otro grupo de ladrones con mejor branding.5
¿Para qué le sirvió a Venezuela organizarse, ganar las elecciones, preservar las actas, hacer todo bien, si al final la “libertad” que recuperan es solo la libertad de elegir entre oligarcas? Eso nos dejaría en el mismo punto en el que partió el chavismo. No se puede repetir este ciclo, ni para el chavismo ni para las circunstancias que le dieron alas a ese movimiento.
Ahora las secuelas para el mundo también existen. Aunque no compro ese argumento de que porque ahora Estados Unidos operó militarmente en Venezuela, eso le da luz verde a otros titanes como Rusia y China a hacer lo mismo. Perdón, pero Rusia y China han operado con luz verde por décadas. En el caso de Rusia, ¿acaso nos olvidamos de Georgia, o Crimea, antes de la invasión a Ucrania con el fin de anexarlo territorialmente (una distinción versus la agenda de Estados Unidos)? ¿O qué decir de China? Nos hemos concentrado tanto en la constante amenaza y el deseo explícito de retomar Taiwán pero nos hemos olvidado de cómo anexó el Tíbet ilegalmente bajo el derecho internacional y cómo está usando su poder económico para subyugar a gran parte del territorio africano a través de su nueva ruta de seda donde usan la deuda como arma económica para ganar control.
La secuela inmediata a nivel internacional es que esto deja en transparente evidencia la falta de poder de la ONU para contrarrestar cualquier acción que atente contra los derechos humanos y el derecho internacional. Es más, yo diría que eso quedó claro cuando a pesar del consenso casi unánime de la ONU sobre la masacre en Gaza a manos de Israel y la evidencia de crímenes de lesa humanidad, tanto Israel como Estados Unidos no han sufrido consecuencias por la destrucción total de Gaza.6
Las preguntas sobre precedentes internacionales y soberanía son válidas. Son las preguntas que me he hecho por varias semanas. Pero vuelvo al mismo punto: ¿qué precedente se creó al dejar que Maduro se robara las elecciones con evidencia de ese robo? ¿Qué soberanía existe cuando la voz democrática de un pueblo es silenciada a punta de mentiras?
Escuchen Al Pueblo
Venezuela, de cierta forma, es aquel fantasma del futuro del libro A Christmas Carol de Charles Dickens. Yo les pregunto a los que hoy dicen #HandsOffVenezuela: si esto fuera Estados Unidos, empolvado en las cenizas de un país destruido, ¿no desearían un Deus Ex Machina, un milagro que le ponga fin a la dictadura?
Imaginemos que el golpe de estado de Trump el 6 de enero del 2021 hubiera sido exitoso. ¿Podríamos decir entonces que Estados Unidos fuera legítimamente gobernado por Trump? ¿Se podría decir que fuese un país soberano si se hubiera posesionado Trump ilegalmente? ¿Cuál es la diferencia entre este hipotético escenario (que afortunadamente no pasó) versus lo que sí pasó en Venezuela?
Hay muchos que se olvidan de los muertos, los desaparecidos del chavismo. No los olvidemos. No nos olvidemos de los que hoy en día están en El Helicoide, la casa matriz de las torturas de la dictadura. Escuchemos a las víctimas, a todos los venezolanos en la diáspora que anhelan regresar.
Antes de formular cualquier opinión flash para sentirte parte de la conversación en las redes sociales o por puro instinto de hacerle resistencia a Trump, vale la pena preguntar cuánto sabes sobre la dictadura chavista, la manera en que se destruyeron las instituciones, el derecho a la propiedad privada, y cómo persiguen, mienten, y torturan. Hasta el momento no he visto a NINGÚN venezolano que no esté celebrando la salida de Maduro, así ellos mismos tengan conciencia de que todo no está resuelto, o sin tener ninguna afinidad a Trump.
Admito que esta situación me lleva a un conflicto interno en donde siento rabia y alivio, preocupación y satisfacción. La situación es imposible, pero el pueblo venezolano merece un país digno de su grandeza, de su belleza, del calor de su gente y su gracia. Y escucho su júbilo, el júbilo de las víctimas de la dictadura, y se me hace difícil imponer mi visión de la manera perfecta de ejecutar un cambio de gobierno frente al llanto de un pueblo que se ha quedado sin comida y sin lágrimas.
Yo sí pido #HandsOffVenezuela, pero empecemos con las manos de la dictadura de Maduro.
El hecho de que en su rueda de prensa el sábado 3 de enero haya mostrado cierta duda en respaldar a Machado (y Edmundo González) es preocupante ya que quiebra cualquier argumento de que EEUU busca restablecer la democracia.
Reporte del Carter Center: Según la ley venezolana, los observadores electorales de los partidos tienen derecho a recibir copias oficiales de las actas. Los observadores de la oposición recopilaron actas del 80% de los centros de votación; estas actas mostraron que el candidato opositor Edmundo González Urrutia obtuvo una abrumadora mayoría del 67% de los votos. Sin embargo, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela hizo un solo anuncio la noche de las elecciones, limitándose a declarar que Maduro había ganado. No proporcionó resultados de los 30.026 centros de votación del país.
De 189 municipios en 2022 a 231 en 2025. Fuente: Defensoría del Pueblo de Colombia
Y no olvidemos que Chávez dio un golpe fallido en 1992 a un gobierno legítimo que al final dejó más de 300 muertos. Curioso tildar de golpistas a los que celebran hoy mientras el origen de la relevancia de Chávez como figura política en Venezuela se debe a este golpe de estado fallido.
Ejemplo clave: el actual gobierno colombiano y la cantidad de escándalos e investigaciones por corrupción. El problema de Colombia no es de izquierda o derecha; es de una clase política y de oligarquías que aprovechan el clientelismo y la informalidad del país para sumirlo en una parálisis que evita que Colombia pueda realizar un potencial que beneficie a todos.
Ojo, la situación de Gaza es otra de esas situaciones imposibles… y yo soy de la opinión de que Hamas es un grupo terrorista cuyo fin no es la libertad sino su auto-preservación como antagonista de Israel con el objetivo de su destrucción…y a la misma vez de que la respuesta de Israel en Gaza fue desproporcionada, vil, y en clara violación a los derechos humanos. De nuevo, no es una historia de héroes y villanos. Y al final del día, como en cualquier guerra, es el pueblo quien sufre.



